Wisky en las rocas
- hace 2 días
- 2 Min. de lectura
En general ya estoy teniendo días mejores, solo a ratos pienso en lo que pudo ser con él y en lo que ya no fue con mamá. Mamá, quisiera extrañarla más, pensarla más, recordarla más. Siento como si me faltara ahogarme en tristeza para realmente darme cuenta de que ya no está aquí. Hoy fui a su casa; desde que entré me inundó ese olor tan característico

de sus espacios, sentí un golpe en el pecho.
Quería tumbarme en su cama, abrazar su almohada, esa en donde debió expirar pero las circunstancias no se lo permitieron; sus plantas, su jardín... Por un momento pensé en mudarme yo ahí, dejar mi mundo para habitar el suyo.
Me detuve en seco.
No puedo, ni debo, ni quiero continuar lo que ella dejó inconcluso... ¿Realmente dejó algo inconcluso? No, ella terminó la vida que empezó, ella tomó las decisiones que la llevaron a vivir la vida que tuvo. Ni siquiera me atrevo a cuestionar si fueron buenas o malas, solo fueron. Tampoco me atrevo a cuestionar si fue feliz. ¿Fuiste feliz, mamá? Porque la alegría la mostró mucho tiempo, pero después ya no; algo pasó y empezó a invocar la muerte, decir que su camino había terminado, que no tenía más por hacer.
Solía decir: "Ya tuve por lo que viví: el esposo, las hijas, los nietos que me tocaban y el trabajo que me sacó adelante; ya no tengo más por hacer".
Yo pienso que ahí comenzó a morir y terminó este abril, el Domingo de Resurrección. Y entonces la gente dice que se fue directo al cielo y yo no lo dudo ni un poco; tal vez por eso no la extraño tanto, ni la pienso tanto, ni la recuerdo tanto, porque está tan luminosa que alcanza a iluminar mi vida.
Te amo, mamá. ¿Cómo me ves desde allá arriba? ¿Reconoces mi melena con canas? Por favor, si encuentras en el cielo a papá, dale un beso de mi parte y cuéntale que su tribu está bien. Yo les acompaño desde acá los sábados por la noche con un whisky en las rocas.




Comentarios