top of page
Fondo.png

Congelado

  • hace 3 días
  • 2 Min. de lectura

Sábado por la tarde en plena primavera: césped verde y cielo azul. Es el escenario perfecto para los dos perros echados bajo la sombra de ese árbol, el que plantó la tía hace más de

treinta años.

La mesa puesta, el mantel con algunas arrugas... Ya nadie plancha en estos días; la energía se reserva para propósitos más útiles.

El aire tibio, casi imperceptible, hace que el ambiente se sienta más cálido aún. Comienza a llenarse la mesa: hot dogs, botanas, papas fritas y los aderezos coloridos habituales contrastan con lo pálido del mantel.

El olor a pasto se mezcla con esos aromas típicos de jardín: tierra, flores, polen, hierba y seguramente heces de ardillas, gatos y cacomixtles. El silencio pareciera imponerse a la música que sale de una pequeña bocina en la esquina del lugar y al esporádico canto de algún ave.

A primera vista es la escena común de una comida en el jardín, pero la luz del sol que traspasa la copa de los árboles sabe que es un día especial y ofrece una atmósfera casi mística, como si pudiera detenerse el tiempo.

A la mesa se suma ahora una jarra llena de clericot con frutas. Las gotas de condensación resbalan por sus costados... Más color, mucho calor. El aire inmóvil suma a esa petificación del instante.

La alfombra de césped verde recibe cinco pares de pies descalzos; cinco almas que, después de una tormenta emocional, encontraron en ese refugio latente la oportunidad de rodear una mesa llena de color, sabor y aroma. Comienza a llenarse de voces y risas el jardín.

Se suman a la mesa el pastel de chocolate y el helado de vainilla, metáfora de este espacio congelado en el calor.

 
 
 

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


Formulario de contacto

¡Gracias por tu mensaje!

Contáctame

Número de teléfono

  • doctoralia-logo
  • Instagram
  • Facebook

55 5450 8255

bottom of page